
En la cumbre convocada por Pedro Sánchez en Barcelona, presentada como una reivindicación mundial de la democracia desde la izquierda, se reunieron líderes progresistas de América Latina junto a figuras destacadas del Partido Demócrata estadounidense, como el senador Chris Murphy.
La cumbre, que aspiraba a ser una defensa de los valores democráticos, terminó exhibiendo un compromiso selectivo con ellos. No hubo un ejercicio serio de autocrítica. No hubo una reflexión sustantiva sobre la deriva autoritaria en Venezuela, ni un señalamiento claro del régimen cubano. Sheinbaum habló de autodeterminación sin mencionar la ausencia de libertades políticas en la isla.


