
En medio de la atención internacional que genera la Copa del Mundo, la Ciudad de México exhibió por más de dos semanas el cuadro dantesco de un escenario marcado por episodios de caos y hechos de violencia urbana; un gobierno secuestrado por la CNTE y las promesas presidenciales.
Mientras millones de aficionados y medios globales acusaron recibo de la ingobernabilidad y las imágenes del descontento social que se ha manifestado envolviendo a la ciudadanía en un torbellino de conflictos sociales y políticos que no han podido resolver, el gobierno mexicano hace esfuerzos titánicos por matizar la crisis reputacional que tizna la cacareada transformación.


