
“Que las victorias no se te suban a la cabeza y que las derrotas no se te claven en el corazón”.
En la vida se bebe de ambas, de la dulzura de la victoria y del amargo de la derrota. Las victorias se festinan, se aplauden, nos hinchan de alegría, de euforia, las derrotas nos tiñen del gris al negro más oscuro. Es como si el cielo se contrajera y se le cerrara la puerta al sol. Es como estar de luto por lo que fue, por lo ido.


