En 1991 se iban a cumplir 400 años de la llegada de tlaxcaltecas a Saltillo. Monterrey y Monclova habían sido abandonadas y, por escrito de Francisco de Urdiñola, sabemos que en nuestra villa quedaban dieciséis vecinos: el desamparo. Él fue a encontrar a los tlaxcaltecas que habían salido hacia el norte y convenció al grupo del barrio de Tizatlán (piedra blanca) de que se instalaran en Saltillo, ofreciéndoles tierras, agua y libertad política. Fue fácil: Felipe II propuso que los indios de América, una vez convertidos y perseverando en la fe, formaran repúblicas (bello término).
Llegaron 72 jefes de familia y una suma, creo, de 232, con mujeres, viejos y niños. La vida cambió al día siguiente del arribo. Los españoles comían mal: tocino graso, pan, queso duro y alguna carne de venado. Los de Tlaxcala traían gallinas, patos, guajolotes, cabras y borregas, maíz y frijol, de ahí que hayan salvado a Saltillo de su desvanecimiento: desde el primer día hubo huevos, leche, quesos, pollos y cabritos.
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En 1990 el gobernador del estado citó a concurso para presentar un proyecto de monumento a San Esteban de la Nueva Tlaxcala. Nombró un jurado que encabezaba Javier Villarreal Lozano. Examinaron las propuestas y dieron el triunfo a la que representaba una carreta jalada por un buey, un indígena a un lado conduciéndola y mujeres y niños sobre ella con aves y macetas. Era hermoso. Mas el cronista de la ciudad se opuso, y presionó al gobernador Berrueto para que se realizara algo heroico. Los escultores debieron darse prisa, y con las ideas del periodista realizaron lo que conocemos: imágenes de bronce sin sentido y heroicamente desagradables.
¿A qué viene esto? A que cada que hay una marcha de mujeres, las chicas se lanzan contra el “tlaxcalteca”, que por supuesto está lejos de serlo, porque los recién llegados eran chaparros y andaban vestidos. La escultural representa, o podría hacerlo, a un indígena nómada, porque ellos sí andaban desnudos y eran altos. Tres franciscanos escribieron que eran más altos que los españoles. “No hay en el Real de Mazapil uno que tenga su altura”, escribió fray Pedro de Espinareda al rey en 1567 (en Mazapil había 150 hispanos).
Así que las mujeres han visto en ese personaje, y en los que lo acompañan (un español, un fraile y una niña), la imagen de la virilidad y del machismo reflejado en ese indígena cuachichil que tomó por modelo a Arnold Schwarzenegger, el macho de todos los machos. Por eso lo pintarrajean y golpean; nadie me lo ha dicho, lo sospecho. El que sí me dijo lo que anoté antes fue Villarreal Lozano, quien se sintió muy ofendido porque en el jurado hubo gente conocedora del arte y otros que eran artistas.
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¡Claro que estuve el domingo viendo y aplaudiendo a las mujeres! Por ahí andaban alumnas mías y algunas profesoras. Les introdujeron, de mala manera, una fila compacta de mujeres policías que partían en dos la larga columna. De que las policías son mujeres, nadie lo duda, pero de que iban con el designio de romper la unidad, tampoco. En VANGUARDIA, Zenya García Aguilar, en un buen artículo, condena rotundamente esta penetración policiaca, aunque fuesen mujeres. La marcha, la parte que yo vi desde la banqueta, frente al Seven, era ordenada, aunque con algunos mensajes radicales que conocemos: ¡nos queremos vivas!, ¡ni una más!, ¡el gobierno nos oprime!, ¡queremos ser dueñas de nuestro cuerpo!, ¿qué te has creído, imbécil, que soy tu criada? No me tocó ver el ataque al Schwarzenegger indio que nada tiene que ver con un tlaxcalteca.
Aclaraciones: La palabra hombre viene del griego antropos: ser vivo que habla, o sea que varones y mujeres somos hombres. Mujer en griego es giné: la que engendra (ginecología, gente, generación, genealogía), y aner-andrós es varón (androide). En latín se dice homo al humano, el que viene del barro (humus), pero hay la palabra vir, varón (virtud, virilidad), y mulier (la que se mezcla con un varón, la dueña de casa). Cicerón utiliza mulierositas, traducción del griego filoginia, y significa amor a la mujer. Todos somos hombres, genérico; algunas son mujeres, otros somos varones. Esto desde las lenguas; sé que las feministas me llamarán la atención, porque la realidad, por desgracia, no coincide con la lingüística. Cada día hay 11 feminicidios en México.
