Solo a los verdaderos constitucionalistas les resulta celebratorio. Nuestra carta magna, de 1917, no queda de ella nada. Tal vez solo el espíritu visionario e ingenuo.
Solo a los verdaderos constitucionalistas les resulta celebratorio. Nuestra carta magna, de 1917, no queda de ella nada. Tal vez solo el espíritu visionario e ingenuo.