Por: Ian Santiago Treviño Almaguer
Yo misma observé todo. Vi cómo comenzó y las horribles cosas que pasaron después. Nunca había visto unas canoas tan grandes. Todos se reunieron en la costa; al principio creíamos que la llegada de los dioses, por fin, era hoy, pero cuando bajaron de la canoa nos dimos cuenta de que en realidad eran personas.
Hablaban un idioma extraño; nadie entendía lo que decían entre ellos. Mi pareja, quien era el líder, les dio una gran bienvenida. Entregamos todo tipo de ofrendas. Nunca entendimos qué pasaba, pero llegaban más y más canoas con más gente.

