
SYDNEY- Antes del derramamiento de sangre y los corazones rotos, había una niña con un alma gentil, una abuela amorosa que entregaba comidas a los necesitados y un joven apodado “persona de oro” por su amabilidad. Y había un abuelo de 87 años que buscó consuelo en Australia luego de sobrevivir al Holocausto, sólo para morir en lo que las autoridades han llamado terrorismo antisemita.
Ellos están entre las 15 personas asesinadas el domingo por la tarde por dos hombres armados durante una celebración de Hanukkah en la famosa playa Bondi de Sydney. El jefe de la policía federal de Australia señaló que se trató de un ataque terrorista inspirado por el grupo Estado Islámico.
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A continuación se ofrece un vistazo más cercano a algunas de las víctimas:
LA VÍCTIMA MÁS JOVEN QUE “VEÍA BELLEZA EN TODOS”
Matilda, una niña de 10 años cuyo apellido no ha sido revelado a petición de su familia, fue la persona más joven asesinada en la masacre.
La profesora de idiomas de Matilda, Irina Goodhew, quien creó un GoFundMe para la familia en duelo de la niña, la describió en una publicación de Facebook como una niña gentil que veía belleza en todos.
“Matilda era un alma brillante y amorosa que nos enseñó que la verdadera bondad se encuentra en el amor y la compasión que compartimos. Su memoria nos recuerda llevar la bondad en nuestros corazones y difundirla al mundo”, escribió Goodhew. “Que la luz de sus ojos viva a través de nosotros, en nuestras acciones, nuestras palabras y nuestro amor por los demás”.
EL RABINO ASISTENTE DE BUEN CORAZÓN
Eli Schlanger, rabino asistente en Chabad-Lubavitch de Bondi, organizó el evento “Hanukkah frente al Mar” del domingo. Era padre de cinco hijos, el más joven de los cuales nació hace apenas dos meses, según Chabad, un movimiento judío ortodoxo que realiza actividades de alcance en todo el mundo.
Schlanger, de 41 años, nacido en Londres, también se desempeñó como capellán del Departamento de Servicios Correccionales del estado y como capellán en un hospital de Sydney, donde ministraba a pacientes y familias.
Ben Wright, su amigo, dijo que Schlanger iba a donde fuera necesario para ayudar a las personas, incluidas las prisiones.


