NosotrAs: Por una educación sexual que salve a las infancias

Todos los días, en México, alrededor de 21 niñas menores de 15 años se convierten en madres. No es una cifra: es una infancia interrumpida que se fractura en silencio. Nos enseñaron a ver estos casos como descuido, pero la verdad es otra: hay estructuras que empujan, omisiones que pesan, políticas que deciden qué vidas importan. Nombrarlo incomoda porque implica reconocer que hay niñas pariendo mientras el país mira hacia otro lado (SIPINNA, 2025).

Si ampliamos la mirada, la escena deja de ser individual y se vuelve colectiva. En México, 14.6 % de los nacimientos corresponden a madres menores de 20 años, lo que muestra una realidad sistemática, sostenida en desigualdades que atraviesan cuerpos (INEGI, 2025). Las cifras cuentan más que nacimientos: cuentan ausencias de derechos, interrupciones escolares, dependencia económica. Son vidas que comenzaron a cuidar otras vidas sin haber sido cuidadas.

Entonces surge la pregunta: ¿qué tan libre puede ser una decisión sin información? Más de un tercio de las adolescentes han iniciado su vida sexual, pero no todas cuentan con acceso a educación sexual integral para decidir con autonomía (INEGI, 2025). Cuando se es víctima de desigualdades, la decisión se vuelve una ilusión. La educación sexual es un derecho que, cuando no se garantiza, deja a las niñas expuestas.

Hay otro elemento clave: el presupuesto también decide. En 2025, los recursos destinados a salud sexual y reproductiva mostraron reducciones en términos reales, que impactan directamente en prevención, acceso a servicios e información (Fundar, 2024). Cuando el Estado recorta, también decide. Es una elección que deja a las niñas vulnerables. No invertir en educación sexual es una forma de violencia estructural.

Las consecuencias habitan lo más íntimo: el cuerpo. Las niñas menores de 15 años enfrentan hasta cinco veces mayor probabilidad de morir por causas relacionadas con el embarazo (Kuri-Morales, et al., 2020). Es un dato crudo: gestar siendo niña puede matar. Aquí la discusión deja de ser ideológica. Se vuelve urgente, concreta, vital.

Frente a esto, escribir también es un acto político. Nos preguntamos: ¿qué significa hablar de educación sexual en un país donde tantas niñas son madres? Significa hablar de autonomía y justicia. Significa reconocer que el conocimiento del propio cuerpo es una herramienta de defensa, que el consentimiento es protegerse de la violencia.

Las 21 niñas que cada día se convierten en madres tienen nombre, cuerpA, historia. Nos corresponde decirlo con claridad: “La educación sexual no adelanta la vida sexual de las niñas. Les salva la vida”.

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