NosotrAs: Las adolescencias estudiando

Es increíble cómo los maestros se hacen llamar profesionales. Ellos nos subestiman, comparten información personal inadecuada, no ponen límites en clase o nos ignoran porque “saben que ya sabemos”.

Ser adolescente es pesado: sentir la presión de la sociedad sobre tus hombros, escuchar que tenemos que cambiar al mundo. ¿Alguna vez me han preguntado siquiera si deseo seguir en este mundo? No, no lo han hecho.

Porque les importa tanto aparentar estar bien que no se preocupan por generar un cambio de raíz, un cambio real; no uno que puedan presumir con sus amistades, no uno que enorgullezca a tu escuela aun sabiendo que la realidad es otra, no uno que después de un tiempo involucione.

Es difícil apoyarnos unos a otros en esta etapa; pareciera que, en vez de alimentarnos de amor, nos alimentamos de desprecio. ¿Cuánto cuesta ser empático?, me pregunto todos los días y, aún más importante, ¿por qué las demás personas no se lo preguntan también?

Crecí escuchando a mi mamá decir que no sabemos lo que los demás están viviendo en sus hogares. Si de verdad quieren un cambio, abracen el dolor tanto como el orgullo, abracen a sus hijes y enséñenles la manera de ser humanos, no la manera de atacarlos. Cada persona tiene sus propias luchas, más no significa que debamos luchar entre nosotres por miedo a ser lastimades.

Demuéstrenles amor, compasión, bondad. ESCUCHEN más de lo que hablan. No somos negligentes, no somos maleducades; somos y estamos en un tiempo de nuestra vida que definirá por dónde iremos y quiénes seremos.

La escuela nos enseña conocimientos básicos, pero las morales que USTEDES nos siembran hacen que el árbol de nuestra vida deje de florecer o renazca con ramas aún más fuertes, dependiendo de cómo lo rieguen.

Estudiar no es solo leer y escribir, entregar tareas a tiempo y pasar exámenes; es lidiar con todos nuestros cambios neuroquímicos y fisiológicos mientras tratamos de evolucionar y crear relaciones que, según esto, nos servirán como “contactos” en un futuro. ¿Por qué no podemos disfrutar de conocernos a nosotres mismes sin que alguien más quiera decirnos quiénes tenemos que ser?

Estudiar me gusta. Me gusta aprender cosas sobre mí y sobre mi entorno, pero no puedo más con tener que seguir las especificaciones del “estudiante ejemplar” que me imponen. No, no estoy bien. Y sí, SÍ soy REBELDE.

Me rebelo en contra de las injusticias, de los sistemas patriarcales, de adultos que nos dicen la manera adecuada de hacer las cosas cuando bien sabemos que a ellos tampoco les salió como esperaban. Estudio por mí, por quienes no pudieron y por las generaciones futuras, para que no duden en ningún momento si luchar por lo correcto es incorrecto o si la morfogénesis es algo a lo que es mejor obstruirle el paso.

La rebelión no es algo malo; el miedo a cambiar sí lo es.

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