Desde 2010 el cuarto jueves de abril se conmemora el Día Internacional de las Niñas en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), una iniciativa de la Unión Internacional de Telecomunicaciones de la ONU para visibilizar un problema: el futuro digital se construye sin la participación equitativa de las mujeres.
Hablar de TIC no es solo referirse a computadoras o internet; implica sectores como inteligencia artificial, ciberseguridad, desarrollo de software y análisis de datos. Es un ámbito que genera empleos especializados, bien remunerados y con amplias posibilidades de innovación y creatividad. Menos del 20 % de especialistas en estas áreas son mujeres, lo que limita no solo la equidad, sino la diversidad de ideas que impulsa el desarrollo tecnológico.
En México, la brecha inicia desde la formación: solo alrededor del 33 % de quienes estudian carreras relacionadas con TIC son mujeres. Además, según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), las niñas tienen 35 % menos probabilidades de desarrollar habilidades digitales que los niños, debido a factores culturales y estructurales.
La promoción de vocaciones tecnológicas en niñas y jóvenes puede convertirse en un eje clave para fortalecer la competitividad regional, especialmente en sectores industriales y de innovación. No obstante, persisten prejuicios culturales que asocian la tecnología con los hombres y desalientan a niñas y adolescentes.
Desde las familias, el impulso puede ser decisivo si se traduce en acciones concretas: asegurar que tengan el mismo acceso a dispositivos y conectividad; promover un uso activo de la tecnología —no solo consumir, sino crear— mediante herramientas accesibles como programación básica, robótica educativa o edición digital; integrar retos familiares como resolver problemas cotidianos con apoyo de aplicaciones o investigar temas en línea; visibilizar referentes femeninos en tecnología a través de historias, documentales o charlas, y cuidar el lenguaje y las expectativas, evitando frases que refuercen estereotipos. Acompañar, preguntar, reconocer logros y permitir que experimenten sin miedo al error fortalece la confianza y despierta vocaciones. La clave no es saber más de tecnología, sino generar un entorno donde la curiosidad, la investigación y la creatividad digital sean parte de la vida.
La responsabilidad no es solo familiar. Escuelas, gobiernos, empresas y medios deben actuar de manera coordinada: generar programas de formación, visibilizar referentes, garantizar entornos seguros y promover políticas que impulsen la inclusión digital.
Cerrar la brecha de género en las TIC no es únicamente una cuestión de justicia social; es una condición necesaria para el desarrollo sostenible. Invertir en niñas es asegurar un ecosistema de innovación más diverso, competitivo y capaz de responder a los desafíos del siglo XXI.
No basta con celebrar este día. Es momento de actuar.

