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Mirador 17/12/2025

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Los buñuelos de mi ciudad, Saltillo, están hechos de aire al que se añade un poco de azúcar y polvo de canela.

No los mires con demasiada intensidad, porque se quiebran. Igual sucede si piensas mucho en ellos.

Toma una caja de cartón y llénala con buñuelos de Saltillo. Ahora la caja pesa menos.

Frágiles como la vida son estos buñuelos, y efímeros como ella. Se te deslían en la boca lo mismo que beso de mujer. Después de haberlos comido piensas que soñaste haberlos comido.

Imagino que en el portal de Belén dijo el Señor San José:

–¿Oro, incienso y mirra? Yo habría preferido tamalitos, buñuelos y champurrado.

Y ahora, por favor, no me distraigan.

Estoy soñando que me estoy comiendo un buñuelo de Saltillo.

¡Hasta mañana!…

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