Por Mordecai Kurz, Project Syndicate, 2026.
STANFORD- Los últimos acontecimientos sugieren que el poder del presidente estadounidense Donald Trump está decayendo, y que su comportamiento está generando resistencia incluso entre algunos de sus compañeros republicanos. Una lista no exhaustiva de sus recientes reveses incluye: la derrota en el debate sobre los archivos de Epstein; un fuerte descenso de su popularidad; derrotas en la mayoría de los casos judiciales; la dimisión del Congreso de Marjorie Taylor Greene, incondicional del movimiento MAGA; el rechazo por parte de los republicanos de Indiana de su plan de redistribución de distritos a mitad de legislatura; la indignación por su guerra legal contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell; y la creciente probabilidad de que los republicanos sufran pérdidas en las elecciones de mitad de legislatura de este año.
Con la base de Trump mostrando signos de fractura y con la salida del presidente de la escena política en un futuro no muy lejano, es probable que la influencia a largo plazo del movimiento MAGA sea mínima. Si es así, la historia considerará la era actual como un breve revés para la democracia estadounidense y a Trump como un mero síntoma de un problema mayor.
Al poner de manifiesto las debilidades de la democracia estadounidense, MAGA podría servir de catalizador para la renovación del sistema. Esto no significa que el autoritarismo ilegal de Trump deba tomarse a la ligera, ni que el camino de vuelta vaya a ser fácil. En los próximos meses y años, será crucial que las fuerzas democráticas exploren las reformas necesarias para revitalizar la democracia estadounidense y reforzar su legitimidad.
EL INEVITABLE DECLIVE DE MAGA
Para explicar por qué espero que MAGA decline, es necesario examinar sus orígenes. Desde alrededor de 1980, la combinación de políticas de libre mercado, globalización y tecnologías que ahorran mano de obra ha devastado los medios de vida de los trabajadores estadounidenses sin títulos universitarios, lo que ha provocado pérdidas masivas de puestos de trabajo y el declive económico en varias regiones de Estados Unidos.
Cabe destacar que estos costes se han normalizado como el subproducto inevitable de la “destrucción creativa”. No importa que la eliminación de millones de puestos de trabajo conlleve un profundo sufrimiento, familias destrozadas por el colapso de los ingresos y la propagación de la adicción a las drogas y el suicidio, y pérdidas de capital humano. Los resultados han sido tan salvajes que los trabajadores sin títulos universitarios tienen ahora una esperanza de vida más corta que en el pasado reciente, como han documentado ampliamente Anne Case y Angus Deaton.
En Private Power and Democracy’s Decline (disponible en MIT Press este mes de mayo), demuestro que, desde la década de 1970, el aumento del poder del mercado y la destrucción generalizada de puestos de trabajo han alimentado la desigualdad económica y política y una fuerte polarización social, enfrentando a los trabajadores sin títulos universitarios con los estadounidenses más cualificados. El auge del populismo MAGA y el declive de la democracia son las consecuencias últimas de estas fuerzas y de la segunda Edad Dorada de Estados Unidos.
