GUADALAJARA, JAL.- A menos de tres meses del inicio del Mundial de Futbol, la zona metropolitana de Guadalajara enfrenta reportes de contaminación en el agua que llega a los hogares, con presencia de líquido turbio y olor desagradable en una amplia zona de la ciudad, de acuerdo con denuncias ciudadanas y posicionamientos oficiales.
Desde finales de febrero, habitantes de colonias de Guadalajara y Tlaquepaque señalaron que el agua salía de color café oscuro y con un olor descrito como similar al azufre, a fierro oxidado o al que emana del caño. Usuarios indicaron que reportaron el problema al Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), organismo dependiente del gobierno estatal al que los ayuntamientos cedieron la operación del abasto desde finales de la década de los 70.
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A las quejas se sumaron críticas de organizaciones civiles como el Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (Imdec), que ha insistido en la necesidad de reestructurar al organismo operador para mejorar el servicio.
El 4 de marzo, el SIAPA reconoció en un comunicado “episodios” de agua turbia y olorosa en algunas zonas. Atribuyó el problema al deterioro “progresivo y exponencial” del agua que llega desde el lago de Chapala por el antiguo acueducto, combinado con trabajos de desazolve en la red de distribución y con infraestructura limitada que data de 1956.
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El organismo aseguró que no hay riesgos para la salud, aunque no precisó cuándo se resolvería el problema, y recomendó a la población dejar correr el agua y captarla en una cubeta si percibía mal olor. Dos días después, el director del SIAPA, Antonio Juárez Trueba, afirmó que el problema se focaliza “sólo” en 10% de las mil 840 colonias de Guadalajara e insistió en que la contaminación que corre por el acueducto antiguo complica la operación en la planta potabilizadora número 1, localizada en Miravalle.
Juárez Trueba también reconoció que auditorías externas entregadas al Congreso del estado reportan fallas estructurales en el organismo, entre ellas manuales de procesos obsoletos, gestión ineficiente del personal, sistemas tecnológicos inadecuados, infraestructura deteriorada en redes de distribución, vulnerabilidad en el abastecimiento, fallas en la calidad del agua y en el saneamiento, así como un padrón de usuarios desactualizado, lo que, señaló, redunda en incumplimiento del derecho humano al agua.
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El pasado lunes, tras un “monitoreo técnico” del acueducto antiguo desde Chapala, el SIAPA informó que detectó descargas irregulares de aguas residuales en el canal de Las Pintas, parte del sistema que abastece a la planta potabilizadora número 1, y apuntó que varias serían responsabilidad del municipio de Tlajomulco. En respuesta, el alcalde de esa demarcación, Quirino Velázquez (MC), sostuvo que las descargas se ubican en Tlaquepaque y atribuyó la responsabilidad al SIAPA: “El día de ayer quedó claro dónde está, digamos, la responsabilidad más elevada de las descargas, que tiene que ver con responsabilidades del propio SIAPA y esas están en Tlaquepaque”.
En paralelo, el investigador de la Universidad de Guadalajara Arturo Gleason señaló que el problema es resultado de omisiones acumuladas en mantenimiento, rehabilitación y modernización del sistema, y advirtió que no se cuenta con un diagnóstico integral de una red distribuida en poco más de 100 mil hectáreas, desde fuentes de abasto y conducción, hasta potabilización y más de 8 mil 500 kilómetros de distribución. “Son síntomas de lo que la ONU llama ‘bancarrota hídrica’… aquí la pregunta en el aire es si esta crisis de calidad de agua llegó para quedarse”, dijo.
El 20 de enero, Naciones Unidas declaró que el planeta se encuentra en “quiebra hídrica global”, descrita como “un punto de no retorno” asociado a demanda creciente, contaminación y cambio climático, y expuso indicadores como que 75% de la población mundial vive en países donde el agua escasea o es insegura, que más de la mitad de los grandes lagos se están secando, que 2 mil millones de personas habitan terrenos que se hunden por la sobreexplotación y que en 50 años se perdieron humedales equivalentes a la superficie de la Unión Europea.
