NosotrAs: Mamás viajeras, libres y rebeldes

Después de que nacieron mis mellizos, acostumbro hacer un viaje al año con ellos y, además, procuro realizar un viaje con amigas. Sí, solo con amigas. “¿Estás diciendo que te vas de viaje y dejas a tus hijos solos?” Es una de las preguntas que resonaban en mi cabeza. Una decisión que, para algunas personas, es la más egoísta.

Hace unos años tuve algunas de las mejores experiencias de mi vida viajando con mis mejores amigas: dos mujeres valientes, libres y mamás transgresoras, a quienes amo y admiro.

Viajar suma autonomía, cultura y libertad para elegir con quién compartir nuestro tiempo. Pero me pregunto: si viajar es tan lindo como se dice, ¿por qué somos tan juzgadas cuando dejamos que nuestros hijos pasen algunos días al cuidado de su padre o de otras personas cuidadoras? Y sí, es una desigualdad de género. No recuerdo haber escuchado que un hombre sea juzgado por estar en un viaje de trabajo o de placer y ser considerado un desobligado.

Para empezar, creo que debemos trabajar la culpa que implica dejar a nuestros hijos en casa mientras nos desconectamos, porque el principal juicio es emitido hacia nosotras mismas. Es difícil desaprender que viajar no nos convierte en irresponsables o desobligadas, sino todo lo contrario. Las niñas y los niños merecen ser hijos de mamás felices.

Amo a mis hijos y aspiro a ser recordada por ellos como una mamá libre y feliz. Me gustaría que viajen y conozcan otras formas de vida, y que su travesía por el mundo la vivan desde la libertad. El amor de madre no es dejar de lado lo que nos gusta. En mi filosofía del amor, el amor no es sacrificio; el amor es libertad, atención, cuidado y acompañamiento.

Conocer el mundo siendo mamá es retador, no solamente por el juicio propio y el de la sociedad; también porque implica ir contracorriente de esos mandatos patriarcales que nos enseñaron que es inconcebible que una mujer ande sola por el mundo, que el lugar de una mujer está únicamente en su casa, que su razón de ser es el trabajo de cuidados y que el sentido de su vida es vivir por y para los demás.

Viajar es político. Una mamá viajera confronta, incomoda y transgrede. Viajar es resistir.

Ahora comprendo que tener acceso a diferentes culturas y conocer distintas realidades es un privilegio que aún no todas tenemos. Transitar libremente por el mundo también es un privilegio, pero es nuestro derecho: el mundo también nos pertenece. Tener tiempo para la cultura, el ocio y la diversión también es un privilegio. Toda mujer que no cuenta con un pasatiempo o con tiempo para sí misma es una mujer menos libre.

Con todo y lo complicada que puede volverse algunas veces la maternidad, y la vida misma, viajar es un respiro para el alma. Es una oportunidad para sabernos merecedoras de este mundo.

Deseo que todas las mujeres puedan vivir su maternidad con más respeto, con menos juicio y acompañadas amorosamente por otras mujeres libres y valientes que ejercen sus pasiones.

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