Hablemos de Dios 278: la Virgen de Guadalupe, la mujer más poderosa

Lo he contado antes: eran mis mocedades. Tenía cuatro o cinco años a lo sumo. Mi madre cargó conmigo, con el “niño” y me llevó de la mano en peregrinación por tren a la Ciudad de México. Al bello Distrito Federal. El motivo ya lo adivinó: fuimos a ver a la Virgen de Guadalupe a su santuario. El anterior santuario, es decir, la Iglesia, no la Basílica la cual fue posteriormente construida.

Fui entonces a ver a la Virgen de Guadalupe en los inicios de los años 70 del siglo pasado. Luego de esa experiencia, fui casi cada año hasta mi adolescencia. Mi madre creía a fie ciega en la Virgen de Guadalupe. Creía en todas las Vírgenes vestidas de oro y pedrería, recamados sus vestidos con seda y telas de Damasco. Mi madre creía en la Virgen María como madre de Dios. Ella creía. Así crecí yo, alabando y enamorado de la Virgen María en cualquiera de sus apariciones. Por eso soy mariano.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí