El presidente montó en cólera cuando vio aquel cartón de Abel Quezada, publicado en el “Excélsior” de Julio Scherer. La imagen del genial caricaturista mostraba al presidente de los Estados Unidos, el hombre más poderoso del mundo, jugando golf, implicando que el mandatario mexicano también podía disfrutar de un pasatiempo. Sin embargo, don Luis nunca pausó su frenética actividad. En 1976 Echeverría orquestó el golpe contra el periódico de la “Vida Nacional”. Siempre he sido escéptico de los líderes que trabajan sin descanso, pues suelen cometer errores graves al tomar decisiones apresuradas.
Se sabe que López Obrador se forjó en la política bajo el modelo populista de Echeverría; su ADN de ahí proviene, lo que explica sus constantes ataques a los periodistas durante su sexenio. Hace días la señora Sheinbaum declaró que ella era igual al inquilino de Palenque, y poco después vino su exhortación para que la gente se abstuviera de ver TV Azteca. El silogismo viene así: López Obrador tiene el ADN de Echeverría, Claudia es igual a AMLO, por lo tanto, Claudia y LEA son iguales. Después de su desliz, la presidenta intentó minimizar lo dicho, pero el karma ya había surtido efecto y la audiencia de la televisora aludida registró un repunte.

