El 26 de febrero, Jack Dorsey, cofundador de Twitter y CEO de Block, comunicó un recorte de más de cuatro mil puestos, casi la mitad de su plantilla. La explicación no apuntó a pérdidas ni a crisis de liquidez. Fue directa: inteligencia artificial.
“La IA no reduce el trabajo. Lo transforma, lo acelera, y en los casos más honestos, lo reemplaza”. Así lo dejó claro Dorsey, mientras la acción de Block subía un 23% en after-hours. El mercado aplaudió. Cuatro mil personas recibieron su carta de despido.
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Block no es un caso aislado. Amazon acumuló treinta mil recortes en dos oleadas recientes citando eficiencias derivadas de IA. Pinterest redujo 15% de su personal como parte de un giro estratégico. Duolingo finalizó contratos tras asegurar que “la IA ya puede manejar tareas de traducción”. Incluso Dow eliminó 4 mil 500 empleos acelerando automatización industrial.
La consultora Challenger, Gray & Christmas documentó que en 2025 se atribuyeron explícitamente a la IA 55 mil despidos, doce veces más que dos años antes. Y 2026 arrancó con 26 mil empleos tech eliminados en cuestión de semanas. El patrón dejó de ser anecdótico. Se convirtió en tendencia estructural.
¿REALIDAD TECNOLÓGICA O PROMESA CORPORATIVA?
Aquí surge una pregunta incómoda: ¿los recortes responden a capacidades probadas o a expectativas? El profesor Ethan Mollick, de Wharton, ha señalado que resulta difícil justificar ganancias de eficiencia del 50% a escala empresarial cuando las herramientas de IA aún están en fase temprana de adopción masiva.
En enero de 2026, Harvard Business Review publicó un análisis que concluye que muchas compañías están despidiendo por el potencial proyectado de la IA, no por su desempeño consolidado. La consultora Gartner añade un dato revelador: solo uno de cada cincuenta proyectos de IA genera valor transformacional, y apenas uno de cada cinco produce retorno medible.
Forrester va más allá y anticipa que la mitad de los despidos atribuidos a IA podrían derivar en recontrataciones silenciosas, muchas de ellas offshore y con salarios más bajos. El 55% de empleadores que ya recortaron personal por este motivo reportan arrepentimiento. Existe incluso un término para esta práctica: “AI washing”, usar la IA como narrativa moderna para justificar ajustes financieros o estratégicos previos.
RECONFIGURACIÓN LABORAL EN TIEMPO RÉCORD
Dorsey fue explícito: “Prefiero llegar allí honestamente y en mis propios términos que ser forzado a hacerlo de forma reactiva”. Su advertencia apunta a que más empresas podrían realizar cambios similares en los próximos meses. Si el mercado sigue premiando estas decisiones, el incentivo corporativo será claro.
Un estudio difundido por Harvard Business Review con investigadores de UC Berkeley y Yale añade otra capa: la IA no necesariamente reduce carga laboral; la intensifica. Los empleados que adoptan estas herramientas asumen más tareas, cubren más funciones y elevan productividad. Pero también aumentan agotamiento y rotación.
El impacto más visible recae en posiciones de entrada. Son tareas predecibles, fácilmente automatizables. Paradójicamente, la Generación Z, considerada la más capacitada para interactuar con IA según Forrester, enfrenta menos oportunidades iniciales para incorporarse al mercado laboral.
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Block podría ser una excepción estratégica o el anticipo de una transformación profunda. Lo cierto es que la inteligencia artificial ya no es solo discurso de innovación: está reescribiendo nóminas, estructuras y expectativas laborales en cuestión de meses.
