A las seis de la mañana de un domingo de julio, Saltillo ya está despierto. Las avenidas que normalmente pertenecen al tráfico son ocupadas por miles de corredores. En las banquetas aparecen familias con termos de café, niños sosteniendo carteles hechos a mano y vecinos que, aunque no conocen a quienes pasan frente a ellos, los animan por su nombre leyendo el dorsal. Durante unas horas, la ciudad deja de correr contra el reloj para correr consigo misma.
La escena ocurre cada año durante la 21K Coahuila, pero no es la única ocasión en que Saltillo se transforma. También sucede cuando el Estadio Francisco I. Madero se llena para un juego decisivo de Saraperos, cuando el Olímpico recibe a miles de aficionados para apoyar a Dinos o Saltillo Soccer, o cuando una atleta nacida en la ciudad aparece en unos Juegos Olímpicos y obliga a cientos de familias a madrugar para seguir una competencia desde otro continente.

