Para mí fue todo un acontecimiento la primera vez que fui a una casilla a votar en entera libertad por quienes yo estimaba que debían llegar al cargo público. Llevar mi credencial y presentarla me llenó orgullo ciudadano. Yo votaba desde que cumplí los 18 años, pero en aquellos primeros años, era otro tipo de tarjeta. Antes no había organismos electorales autónomos que organizaran los comicios, era la secretaría de gobernación a nivel federal y las secretarías de gobierno a nivel local. El advenimiento de una estructura ajena al poder público, para organizar las elecciones constituyó un avance importantísimo en materia de democracia en nuestro país. La inclusión de electores como encargados de las mesas de casilla, los observadores, amén de los representantes de los partidos políticos. Todo esto para darle certeza y legalidad al proceso electoral, que reconoce al ciudadano como parte sustantiva de una justa realizada para acceder al poder por la vía de las elecciones.
De verdad que cuesta entender porque tenemos tanto abstencionismo, tanto valemadrismo –permítame utilizar esta palabrota– de millones de mexicanos que le dan la espalda al único camino legalizado para que se arribe al cargo público. ¿Es una venganza al sistema? El sistema ni suda ni se abochorna, los que pagamos con creces semejante irresponsabilidad SOMOS NOSOTROS. SÍ, NOSOTROS. Mire nomás qué gente llega a una legislatura, a una alcaldía, a las regidurías, al gobierno local, al federal. Todos los que no votan y los que votan sin saber ni por quién están votando como se estila en nuestro país, le han dado de palos a la democracia. La democracia es un ente VIVO que se alimenta con participación ciudadana informada, consciente de sus derechos y sus deberes y de la trascendencia que implica sufragar con compromiso.
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Hoy día, el voto es el principal elemento activo de la democracia moderna, por esta vía se eligen gobernantes, por esta vía se cambian gobernantes. Por eso no se debe ir a ciegas a cruzar una papeleta. Hay 199 países, según datos de la Organización Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, considerados como democracias. En nuestro país este derecho tiene rango constitucional, en el artículo 35 de nuestra Carta Magna se prescribe el derecho ciudadano a votar, y en el 36 la obligación de acudir a las urnas a sufragar en las elecciones y en las consultas populares. Por otro lado, el artículo 38, fracción I, establece que, por falta de cumplimiento, sin causa justificada a las obligaciones que “impone” el artículo 36, se “suspenden los derechos y prerrogativas del ciudadano”. Lo anterior, aparentemente evidencia una contradicción: “derecho ciudadano y obligación con sanción por falta de cumplimiento”. En el artículo 38, se establecen las causas por las que se suspenden los derechos o prerrogativas ciudadanas, incluyendo el incumplimiento de las obligaciones ciudadanas, estar sujeto a proceso criminal, ser prófugo de la justicia, o tener sentencia firme por delitos graves, incluyendo violencia de género o deudas alimentaria. Pero el que no vota nomás porque no se le da la gana… ¿Cómo se le sanciona? En países latinoamericanos se sanciona el no ir a votar con no poder salir del país por cierto tiempo. En el 70 por ciento de países se impone una sanción por no presentarse a votar. Va desde una multa, incluso no poder salir del país y hasta ir a la cárcel. Las sanciones pecuniarias varían de un país a otro, pero en Australia, por ejemplo se establecen entre los 20 y 50 dólares australianos. En Bélgica si no se vota en cuatro elecciones en 15 años, se suspenden los derechos de esas personas, y tienen impedimento hasta para conseguir empleo. En Chipre, Ecuador, Singapur, Perú y el Uruguay has multas muy fuertes por no presentarse a sufragar.
Es inconcebible la renuncia a un derecho que costó -parafraseando a Churchill- sangre, sudor y lágrimas, volverlo universal. A través del voto podemos expresar nuestra opinión y mandar a volar a los representantes y a sus partidos, o premiar a quienes corresponden con creces a la representación que se les ha otorgado. En estos tiempos de descrédito generalizado a la política y a los políticos que la han ensuciado y rebajado hasta el subsuelo, en menester que la gente reaccione, que estudie los perfiles que aspiren a participar en las eleccione. Sólo Coahuila tiene comicios este 2026. Vamos a elegir diputados, vamos a elegir a quienes hacen las leyes, a quienes aprueban el gasto público y revisan la cuenta pública. No es una elección cualquiera. Hagámonos cargo de la misma. No desdeñen el derecho que tenemos a decidir quien llega o quien no llega a representar nuestros intereses en el Palacio Legislativo. La actuación de los legisladores, IMPACTA NUESTRA VIDA.
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El voto, no lo perdamos de vista, es una decisión individualísima, libre y secreta, es un deber que le debemos a México, a nosotros mismos, y tiene trascendencia, para bien o para mal ¿por qué? pues porque impacta la seguridad, la movilidad, la economía, cuanto acontece en la esfera pública. Vivimos en comunidad, debe importarnos el vivir bien, y esto depende en mucho, del tipo de personas que salvaguardan nuestros derechos y el deber de generar con su actuación BIEN COMÚN. De modo que informémonos reflexionemos y deliberemos a quienes les vamos a dar nuestra confianza en los comicios que tendremos este año en Coahuila y el próximo, que también es sustantivo, ya que determina quienes conformaran la siguiente legislatura federal. No es asunto menor. Démonos la oportunidad de vivir en armonía, con tranquilidad para ir de un sitio a otro, para caminar por la calle disfrutando el paseo, para tener un servicio de vacunación como el que se tuvo otrora.
Practiquemos la democracia, afrontemos con serenidad, con cabeza fría las próximas elecciones. Informémonos sobre la trayectoria de quien aspire a tener nuestra representación. No es asunto menor. Atendamos con responsabilidad el estado de nuestra casa. Eso es Coahuila, la casa grande. Conservemos la tranquilidad con la que aquí se vive. Es oro puro.
