
Si bien ya se escribe y comenta bastante sobre el proceso electoral que culminará el 6 de junio del año próximo –para todo efecto práctico, casi a la vuelta de la esquina–, en realidad no se ha opinado ni discutido lo suficiente, aunque parezca lo contrario.
Al menos no, ni remotamente, sobre aspectos torales del propio proceso electoral y menos todavía en torno a los graves problemas nacionales, algunos de estos, por cierto, ni siquiera visibles por la opinión pública y por parte de la llamada comentocracia.


