
No cualquiera tiene el valor o el atrevimiento de tocar al senador Adán Augusto López, que por cierto debido a sus relaciones con AMLO, posee un caparazón que le envidiaría cualquier tortuga, con el que está super protegido, y que en estos momentos ni la señora Presidenta se atreve tocar, porque sabe que se toparía en duro y macizo, y todo lo que se diga de él, nunca jamás progresará, por eso se le ve tranquilo, seguro de sí mismo, a sabiendas de que nadie osará tocarlo, ni con el pétalo de “una” rosa.


