
Hago más explícita la pregunta: ¿por qué secuestraron hace poco más de un mes (2 de junio) y asesinaron en Veracruz –su lugar de residencia– a la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, reportera y directora de Pulso Informativo del Sureste? Sus restos fueron encontrados hace unos días y finalmente enterrados por sus familiares y amigos el martes pasado. ¿No ha transcurrido tiempo suficiente para saber cuál fue el móvil? Es muy relevante saberlo porque de ahí se desprende otra pregunta vital: ¿de qué se tienen que cuidar las y los colegas veracruzanos? Del crimen organizado, ¿pero también de policías locales y funcionarios gubernamentales?
Por ello reitero: ¿alguien puede informarnos con absoluta certeza por qué la levantaron en su domicilio ubicado en el municipio de Nanchital y por qué la golpearon, torturaron y luego calcinaron parte de sus restos, de acuerdo con lo publicado el lunes en El Universal por Héctor de Mauleón? ¿Alguien nos puede informar? Insisto, porque el 15 de junio, dos semanas después de la desaparición de Roxana Berenice, la gobernadora de Veracruz afirmó categóricamente que su secuestro no se debía a sus actividades profesionales: “No fue por tu trabajo”, aseguró. A estas alturas de la vida, con su historial de imprecisiones (por decirlo suavemente), ya es sumamente difícil creerle algo a Rocío Nahle, pero si declaró tal cosa en ese momento, podría entonces informarnos cuál fue la causa, según ella, de tan espantoso asesinato cometido, conforme a las indagatorias, por un grupo criminal protegido por policías municipales de Ixhuatlán del Sureste.


