
Si hoy comparto esta columna contigo es gracias a todas las mujeres de mi vida que me han sostenido desde que soy mamá. Empezando por mi propia madre, la tribu que encontré en yoga prenatal y en yoga mamá-bebé, hasta llegar a mis amigas mamás del club de lectura “Letras y Latidos” que, sin saberlo, me sostuvieron cuando yo no podía más.
Agradezco infinitamente haber podido dedicarme de lleno a mis hijos; sin embargo, en el camino me perdí a mí misma. Después de tocar fondo y no ser capaz ni de reconocerme en el espejo, busqué ayuda y hoy puedo nombrarlo: tuve depresión posparto. Todo el proceso del diagnóstico de mi hijo, la crianza y las expectativas propias y sociales deterioraron profundamente mi salud mental.


