NosotrAs: Y el caótico y hermoso camino de ser psicólogas

A menudo la mayoría crecemos aprendiendo a cumplir expectativas de quienes nos rodean. Sin darnos cuenta, el deseo de agradar a nuestro entorno se transforma en una necesidad interna difícil de frenar. En ese proceso, entendernos y aprender a expresarnos se vuelve un camino cuesta arriba; sobre todo cuando cargamos con la falsa idea de que no podemos equivocarnos para no lastimar a quienes amamos, olvidando que, al intentar salvarlos a ellos, terminamos decepcionándonos a nosotros.

Para mí, la elección de mi carrera universitaria me marcó, ya que existían ciertas disconformidades entre las personas que me rodeaban. Se piensa que elegir lo que amas y seguir tus anhelos es sencillo, pero se habla poco de la contraparte: el peso emocional de romper con los moldes impuestos por los demás. Tras noches de dudas y frustración, tomé la decisión más retadora: ponerme en primer plano. Decirlo es fácil; hacerlo, en una realidad donde al principio no todos ven tu potencial, requiere el doble de esfuerzo. Sin embargo, en ese mismo andar, la vida te cruza con personas que deciden confiar en tus ganas de lograr cosas maravillosas.

Inicié mi formación en psicología como una alumna más, en una universidad que no siempre cumplió mis expectativas, pero que me dio el regalo más grande: personas clave que me impulsaron a dar lo mejor de mí. Así fue como me acerqué al camino de la investigación científica. Aunque mi conocimiento inicial era nulo y el miedo a fallar estaba presente, la confianza de quienes creyeron en mí se convirtió en mi mejor combustible para aprender. La investigación fue mi primer paso hacia algo más grande; el acto de indagar y descubrir me permitió observar el mundo académico desde una perspectiva completamente distinta.

Este camino me llevó a vivir un intercambio de dos meses fuera de mi estado, una experiencia que representó un verdadero reto de independencia al adaptarme a una identidad cultural diferente. A veces, desde fuera, hay quienes no logran dimensionar el esfuerzo que esto implica y asumen que no estás haciendo nada; sin embargo, frente a las dudas ajenas, siempre prevalece la profunda satisfacción interna de saber todo lo que construiste y cómo lo lograste.

Al mirar atrás, me doy cuenta de que ya no soy aquella adolescente temerosa que dudaba de su capacidad para ser exitosa dentro de la Psicología. He crecido, he aprendido de mis maestros y de mis futuros colegas, pero también he aprendido de mí misma.

Si estás leyendo esto y te encuentras en un punto similar, mi único consejo para ti es este: no dudes de lo que puedes lograr. No será un camino lineal ni sencillo; lograrlo representará un desafío. Pero te aseguro que llegará el día en que te detendrás a mirar atrás y te asombrarás de todo lo que has avanzado.

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