NosotrAs: Sobre divulgación y reapropiación de lenguaje

Desde mi experiencia he tenido la oportunidad de reflexionar mucho sobre la forma en que compartimos información, es común que haya una imperante exigencia con que los datos sean actuales y basados en evidencia, lo cual, a mi parecer, sería acertado si se entendiera que no todo el conocimiento se gestó en el ámbito académico, hay mucha información flotante en las calles que a veces aporta más que cualquier trabajo hecho desde la comodidad de un escritorio.

Es importante cuestionar ese esquema institucional, porque si es el único referente que se usa, se perpetúa la misma tradición de que el conocimiento solo es válido y posible para unas cuantas personas, cuando en realidad el conocimiento no sirve de nada si no se comparte. Es ahí donde entra tal vez mi gusto por la divulgación, porque me hace pensar que no solo hay que esparcir esos saberes, sino entender que cada persona tiene alguno que ofrecer, o como bien decía alguna pinta universitaria que vi en redes sociales “no hacemos ciencia para el pueblo, somos el pueblo haciendo ciencia”, y es ahí donde nos damos cuenta que las formas en que comunicamos no dicen únicamente para quienes compartimos, sino desde dónde, pues ningún saber es objetivo o aislado, porque nosotrxs tampoco lo somos.

Aprender de ese contexto, de ese momento sociohistórico específico, apela a la capacidad de situar y expresarse según lo que sea necesario, entendiendo que las palabras y las diversas formas de comunicación no son estáticas, al contrario, tienen una vida propia que se acopla al momento en que van a ser traídas a lo tangible y memorable, por lo que se debe entender que mantener los datos y la información actualizados claro que es importante, pero también lo es mantener actualizado nuestro lenguaje.

Es importante pensar cuántas veces se buscan formas de no replicar los mismos discursos hegemónicos, por ejemplo, cuántas veces se menciona a “todas las personas” en lugar de solo “todos”, cuántas veces se ha reconocido la profesión, oficio u actividad por encima del género al decir “personal docente” y no “los maestros”, esos sutiles cambios que, en economía del lenguaje, no sacrifican más que unos cuantos segundos o caracteres, además de disruptivos, también engloban a más gente y por ende, son capaces de llegar y apelar a más y más personas, lo que es en sí mismo el objetivo de la divulgación. Aferrarse a mantener lo masculino como universal solo porque una institución lo dice, es cerrarse a un panorama que cambia y se actualiza más rápido que cualquier institución.

Por lo tanto, se puede decir que “todOs” dejó de ser suficiente hace muchísimo, entonces la pregunta no es si se debería o no cambiar el lenguaje, porque el cambio es inherente, sino cómo va a cambiarse para que refleje lo que realmente queremos comunicar.

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