NosotrAs: Mujeres, liderazgo y bien común

Cuando pensamos en la participación política de la mujer, solemos limitarla. Entendemos que históricamente nos han encasillado para ciertos perfiles o actividades. Pero desde la Edad de Piedra las mujeres hemos liderado. De otro modo, no se puede entender la supervivencia de la humanidad.

La mujer ha sido fuente, sustento y líder. Es inevitable. Las tribus africanas de algunas regiones aún recurren a las “mujeres sabias y ancianas” para decidir el destino de toda la aldea. Esto es una pequeña muestra de la trascendencia de las decisiones acertadas de la mujer en la vida pública.

La palabra política viene de la palabra griega “politikos”, que significa algo así como lo relativo al ordenamiento de la ciudad; deriva de “polis”, que se traduce como ciudad. La ciudad es mujer, madre y protectora. Y es, precisamente, en esta época de comicios electorales cuando quiero reflexionar sobre el papel actual de la mujer como conductora de decisiones que tienen que ver con la administración de la “polis”.

Cohabitamos la ciudad con múltiples tipos de liderazgos, la mayoría masculinos. Por eso no es tan descabellado que algunas mujeres de la política vean en el ideal del “hombre” el modelo a seguir.

Y es aquí donde el reto es generar y desarrollar un liderazgo propio, con una visión eminentemente femenina, impregnada de ese poder inherente que impulsa a forjar una manera de ser política autónoma, al margen de presiones externas o de compromisos contraídos previamente.

La clave estará, entonces, en dirigir y administrar la comunidad desde el contexto del sentido común y la formación humana y profesional.

Nos precede una tradición de mujeres que han impactado en la administración pública desde hace siglos: las reinas Urraca de Navarra, Isabel de Castilla, Elizabeth, Victoria e Isabel II de Inglaterra son ejemplos de liderazgos trascendentes, con visión de estadistas.

Mirar al pasado nos permite reflexionar y contemplar nuestro presente con orgullo por los avances logrados, pero también es, a su vez, un espejo en el que podemos calibrar nuestra posición en la política actual. ¿Somos meras espectadoras o también estamos “en la cancha”? Y, si lo estamos, ¿cómo estamos? ¿Contribuimos desde nuestra comunidad a lograr una mejor sociedad? Son preguntas clave, desde mi particular punto de vista, sobre nuestra actuación como aspirantes a seres políticos.

Caminar, escuchar, resolver y gestionar desde lo profundo son las claves para un liderazgo sano y enfocado en lo que realmente importa: el bienestar común.

Al margen de ideologías o partidos políticos, la participación de la mujer en los asuntos públicos debe estar regida por arraigados principios morales, determinación y un importante sentido de pertenencia a la comunidad; de otro modo, no puede funcionar.

Desde aquí va mi posición en dicho sentido: anhelando un mundo más justo y participativo para la sociedad en general. Solo así el progreso comunitario es posible.

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