A veces me preguntan qué quiero ser de grande, pero pocas veces me han preguntado cómo quiero que sea el mundo en el que quiero vivir cuando “sea mayor”.
Deseo un mundo libre de los típicos estereotipos en el que la moda y la apariencia no sean las medias para dictar tu valor o la manera en la que debes ser tratada.
Deseo un mundo donde sean más tomadas en cuenta nuestras ideas y opiniones, que nuestra infancia sea respetada y se nos permita vivir la niñez sin la presión de tener que madurar para poder encajar. Mis papás todo el tiempo me dicen que la niñez es la mejor etapa de la vida y que se tiene que disfrutar, que es una etapa cortita de la vida, que la goce mucho.
Pienso que es importante que, como niñas, nos unamos y nos apoyemos, lejos de competir de una manera que no es sana. Y si tenemos que llegar a competir, tener el valor de reconocer el talento en nuestras compañeras y no apagar su luz para que la otra pueda brillar, si estando unidas podemos llegar a deslumbrar.
Deseo un mundo donde el talento y los intereses no se dividan entre “esas son cosas para niños” y “esas son cosas de niñas”; poder expresar mi personalidad curiosa e indagadora sin ser cuestionada o etiquetada.
Deseo un mundo donde las niñas tengamos las mismas oportunidades y reconocimiento cuando trabajamos duro.
Deseo un mundo donde todas las niñas tengan acceso a una educación en la que tenga conocimiento de sus derechos, y decidir qué profesión quieren escoger: científicas, astronautas bomberas y hasta presidenta, y que no represente una lucha y sea tan difícil de acceder a ellas por el simple hecho de ser niñas.
Estoy consciente de que hay grandes mujeres que han trabajado muy duro para llegar a donde estamos, pero falta mucho camino por recorrer en cuanto a derechos de las niñas. Mientras no todas tengamos las mismas oportunidades siempre habrá algo por hacer; ahora, en nuestras manos está el cambio.
Las niñas no somos frágiles mucho menos débiles. Las niñas también somos capaces, las niñas somos valientes, también tenemos fortaleza y grandes sueños.
El mundo que yo deseo no es un sueño imposible, es un compromiso que debemos construir hoy, empezando por respetar lo que cada niña decide hablar.

