Hoy son las elecciones para diputaciones en Coahuila y es el momento idóneo para recordar —aunque a la clase política le incomode— su verdadera labor: crear leyes para construir un estado equitativo. Pero hagamos preguntas incómodas: ¿de verdad quienes hoy se postulan buscan ese objetivo? ¿O solo velan por sus propios intereses y los de su partido?
Para responder esto, hay que revisar qué hizo el Congreso del Estado el pasado 29 de agosto. La mayoría de legisladores (salvo la bancada de Morena y un diputado del PT) aprobaron una reforma al Código Electoral que adicionó el infame Artículo 16 bis. Esto no fue un avance; representó un retroceso descarado para las Acciones Afirmativas de Representación Electoral.
Para quienes no dimensionan el golpe, las Acciones Afirmativas son medidas temporales indispensables para que las poblaciones históricamente vulnerabilizadas —comunidades indígenas, con discapacidad o de la diversidad sexual— puedan competir en igualdad de condiciones por cargos de elección popular y acceder a espacios reales de toma de decisiones.
El truco del Artículo 16 bis es que, bajo la máscara de la participación, mete en una misma bolsa de ‘vulnerabilidad’ la edad, pobreza, migración, género u orientación sexual. Esta noción ignora que la opresión histórica de una persona con discapacidad o LGBTTTIQA+ es estructuralmente distinta a la situación de un adulto mayor; además, los jóvenes y adultos mayores ya cuentan con una representación sumamente sólida en los puestos tradicionales.
Por si fuera poco, el artículo plantea únicamente una sola candidatura de mayoría y otra en los primeros tres lugares de representación proporcional. Esto deja el camino libre a los partidos para simular inclusión, postulando a jóvenes o adultos mayores para cubrir la “cuota” y desplazar a los grupos más invisibilizados. Tampoco hay un proceso real que verifique la autoadscripción calificada, contradiciendo al INE y al Tribunal Electoral. Permiten que cualquiera se apropie de una lucha ajena.
Y para cerrar con broche de oro, esta reforma imposibilita al Instituto Electoral de Coahuila (IEC) a emitir lineamientos de acción afirmativa que “distorsionen” lo establecido. Esto es peligroso porque el IEC era el único que había planteado lineamientos reales que obligaban a los partidos a cumplir con cuotas decentes, como las arcoíris.
Al ver las candidaturas actuales, donde casi toda la bancada priísta decidió reelegirse, todo se vuelve transparente: la reforma se hizo para que nadie fuera un obstáculo en sus objetivos. Estas elecciones terminan siendo la farsa de siempre: un ejercicio cínico donde elegimos ‘lo menos peor’ y que bloquea la verdadera representación de las poblaciones vulnerabilizadas.

