
Para conocer y entender los cambios por los que transita nuestro cuerpo es necesario cuestionar y hablar en voz alta. Durante generaciones, la menstruación fue tratada como un asunto privado que debía esconderse. Muchas crecimos escuchando frases como “de eso no se habla en público”, aprendiendo a ocultar una toalla sanitaria o sintiendo vergüenza por los cambios físicos naturales.
Ese silencio no es menor: tiene consecuencias en la salud, la autoestima y el acceso a nuestros derechos. En Coahuila y en México, no sabemos la edad de la menarquia, mucho menos sobre el método de gestión menstrual que se utiliza durante el periodo, y es importante porque dificulta la creación de políticas públicas para nuestro beneficio.
Olvidamos que el ciclo menstrual es una cartografía viva de la salud de las mujeres. La ovulación, por ejemplo, ese proceso silencioso que no se ve a simple vista es una expresión biológica que la misma ciencia ha demostrado que es rica en nutrientes, y que tiene como resultado la sangre menstrual que contiene más de mil proteínas.
Cada ciclo es un proceso profundo de destrucción, renovación y reconstrucción dentro del útero. Este mundo maravilloso siegue siendo oculto entre los tabúes, porque nos enseñaron a ver hacia afuera y ese conocimiento nos ha limitado a ver nuestro propio territorio hacia adentro: el cuerpo que habitamos.
Porque hablar de menstruación no es solamente hablar de un proceso biológico. Es hablar de educación, economía y dignidad. Aún hay niñas y adolescentes que faltan a la escuela por no tener acceso a toallas sanitarias o por miedo a ser señaladas, porque al llegar el periodo sienten vergüenza y no tienen a quién recurrir.
Hay mujeres que viven fuertes dolores, sin atención médica porque se normalizó sufrir en silencio. Mujeres con condición médica diagnosticada que no pueden recurrir a una licencia menstrual laboral.
La cifra no es para minimizar: a nivel mundial más de mil 800 millones de mujeres y adolescentes menstrúan y 500 millones no tienen acceso a productos sanitarios para vivir el periodo saludablemente, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
En México, se estima que alrededor de 40 millones de mujeres y personas menstruantes viven el periodo mes a mes. La cifra representa al 62 % de la población femenina y también incluye a las personas en edad reproductiva.
Hablar de menstruación no significa romantizarla ni minimizar las dificultades que se viven durante el ciclo. Significa reconocerla como parte de la vida cotidiana y garantizar que nadie sienta vergüenza por vivirla.
Y aunque se han tenido avances como la eliminación del IVA en productos de gestión menstrual y mayor posicionamiento en la agenda mediática, lo cierto es que sigue siendo vista como un tema de burla o que solo compete a las mujeres.
En 2026, la pregunta a la que tendríamos que dar respuesta es ¿por qué todavía incomoda hablar sobre el periodo? Tenemos que seguir rompiendo el silencio: hablar en altavoz sobre la menstruación.


