NosotrAs: Entre el techo de cristal y el suelo pegajoso

Como arquitecta he aprendido que diseñar cualquier estructura realmente necesita una buena base sólida y una clara visión, ¿sabes? Pasamos años, literalmente años, estudiando cómo construir cosas, cómo erigir edificios y cómo calcular todas las cargas. Pero, sinceramente, en nuestras carreras, como en la vida real, nos topamos con obstáculos que ni siquiera aparecen en los planos. Por ejemplo, donde trabajo ahora, el 90 %, tal vez más, de quienes toman las decisiones son hombres. Y ahí, lo del techo de cristal… no fue sólo una metáfora. Se siente como si la arquitectura concreta, sólida y fría, realmente te hiciera sentir fuera de lugar porque eres mujer. Es bastante intimidante

Siempre hablamos del techo, esa barrera invisible, que nos impide llegar a lo más alto,o a la junta directiva. Es muy frustrante y solo quieres derribarlo, ¿verdad? Pero también existe otra cosa más profunda que nos mantiene estancadas incluso antes de empezar a escalar: todo el asunto del “suelo pegajoso”. A diferencia del techo, este “suelo” se siente como una resistencia constante cuando intentas moverte. Es como toda la carga mental que llevamos incluso cuando llegamos a casa: las cadenas invisibles de expectativas sociales, los asuntos familiares y el doble turno que hacemos automáticamente. Entonces, mientras que el techo limita lo lejos que podemos llegar, el piso simplemente drena tu energía. Es esa sensación de cansancio de ser, al mismo tiempo, la perfecta profesional y la organizadora de todo en casa. Es como correr con esos zapatos pesados, mientras nos dicen que deberíamos volar.

No se trata de falta de ambición, es un problema de todo el sistema. A veces, nuestra vida personal es tan exigente que no nos deja espacio para desempeñarnos bien profesionalmente. El mundo intenta vendernos esta imagen de “supermujer”, pero el sistema todavía está preparado para un mundo en el que cuidar a los niños y la casa ni siquiera cuenta, ¿verdad? Tenemos que reconstruir, en serio. No podemos esperar avanzar si nuestros cimientos están abrumados por tareas que deberían ser compartidas. Es ridículo.

Para realmente romper estas barreras, primero debemos aceptar que estamos cansadas. Dejemos de tratar el agotamiento como si fuera una insignia de honor, ¿sabes? Como profesionales, todas deberíamos aprender a delegar cosas, establecer límites y exigir que las personas asuman responsabilidades. La igualdad no comienza sólo con las políticas de la empresa; comienza con cómo compartimos nuestro tiempo y cuánto valoramos nuestra propia paz. Necesitamos sistemas nos respalden. Si vamos a alcanzar ese techo, necesitamos un terreno sólido sobre el que apoyarnos. Es hora de limpiar el piso, dejar ir las cosas que no son nuestras y reelaborar nuestro camino hacia el liderazgo, pero no sacrificando todo, sino haciéndolo con estrategia, poder femenino y una conciencia real de lo que está pasando. Al final, la mejor arquitectura es aquella que permite que quien la habita crezca sin restricciones, ¿no?

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