
A nosotras se nos ha dicho que las leyes que pugnan por una vida libre de violencia y la paridad de género respaldan nuestra presencia en la vida política de nuestros pueblos. No obstante, la realidad que se vive en algunos pueblos de Oaxaca es muy distinta.
Según la plataforma del IEEPCO, de los 413 municipios que eligieron autoridades municipales para tomar protesta en 2026 (Régimen sistema normativo indígena) solo 35 son mujeres y el resto hombres. Estas cifras dan cuenta que sigue existiendo una brecha para el ejercicio pleno de la participación política de las mujeres.
El desempeño de las funciones del cargo público se realiza respetando las disposiciones de la Constitución, de las leyes del Estado y de las Ordenanzas Municipales, pero el ejercicio está limitado por las estructuras culturales y patriarcales que dictan la subordinación de las mujeres. Llegamos entonces a los espacios de toma de decisiones solo para cubrir la cuota de paridad, perdiendo el objetivo de atender y resolver las situaciones apremiantes de la población con perspectiva de género.
Decidí ejercer con plenitud mis funciones y cuestioné lo que no cumplía con el debido proceso, porque no vine a cuidar los intereses de particulares; vine para atender con equidad y transparencia las necesidades de mi pueblo.
Cuestionar ha detonado el señalamiento, haciéndome reflexionar e incluso dudar de mi actuar, una duda que sale del miedo y del riesgo al que me expongo. Incluso retrocedí en el tiempo, menosprecié mi trabajo, me arrepentí de salir de casa, porque yo también crecí creyendo que mi lugar estaba en el espacio privado. Me arrepentí de instruirme profesionalmente, pero precisamente la instrucción me dio la confianza para cuestionar, repensar las estructuras sociales y actuar diferente.
Por ejemplo, como regidora de Hacienda, cuestioné la adquisición de unos bienes que no se apegaron a la normativa y a procedimientos administrativos correspondientes. Sin embargo, la respuesta a eso fue la destitución de quien me proporcionó la información, bajo el argumento de que yo no tenía por qué cuestionar los compromisos del presidente municipal. Con ello se limitó el ejercicio de mis atribuciones de vigilancia y fiscalización del presupuesto.
Esto muestra que, en nuestros pueblos, ellos deciden. No se toman acuerdos colectivos con presencia significativa de mujeres y no porque las mujeres no quieran participar, sino porque no existen condiciones para hacerlo en equidad.
En el ejercicio del cargo enfrentamos conductas que constituyen violencia política contra las mujeres en razón de género. En broma se hacen comentarios como: “Se ve que no te gusta estar en tu casa”. Estas expresiones dejan ver la realidad a la que nos enfrentamos por figurar en los espacios públicos, reproducen estereotipos que buscan descalificar la participación de las mujeres en los espacios de toma de decisiones y reflejan la incomodidad que genera el ejercicio de nuestras funciones.


