NosotrAs bipolares: otro estudio más hecho por y para el hombre

A pesar de que el primer registro del trastorno bipolar, que data del siglo V a. C., se refiere a una mujer cis, el estudio formal de este padecimiento se realizó a lo largo de los siglos mayoritariamente en hombres.

Pero, ¿qué es la bipolaridad? El Trastorno Afectivo Bipolar (TAB) es un padecimiento clínico en el que la persona afectada transita entre la manía o hipomanía (estados de euforia o energía desmedida), la depresión (estados de profunda tristeza, decaimiento y cansancio) y la eutimia (un estado de estabilidad emocional).

Fue Hipócrates quien registró por primera vez el caso de una mujer con dichos síntomas, pero sería Areteo de Capadocia quien dedujo que aquello que aquejaba a hombres con las mismas señales no eran dos padecimientos distintos, sino uno solo.

Posteriormente, Andrés Piquer-Arruf, médico de la corte española del siglo XVIII, observó en el rey Fernando VI síntomas de lo que hoy reconocemos como manía y depresión. Sin embargo, fue en el siglo XIX cuando los psiquiatras franceses Jean-Pierre Falret y Jules Baillarger estudiaron, cada uno por separado, lo que llamaban la locura circular o locura de doble forma. A partir de ambos trabajos, Emil Kraepelin acuñó el término locura maníaco-depresiva.

Los primeros casos de bipolaridad se estudiaron en los pabellones psiquiátricos para hombres y mujeres cisgénero; sin embargo, ellas eran consideradas afectadas por la “histeria” y no por el TAB.

Después de este contexto, y con base en la información de la bióloga y neurocientífica Carmen Agustín, podemos identificar un patrón: la enfermedad fue estudiada por y para hombres.

Actualmente, uno de los principales problemas relacionados con el TAB es el diagnóstico tardío. En mujeres cis y disidencias esta condición suele confundirse con depresión, ansiedad o estrés.

También intervienen los contextos socioculturales: contar o no con los recursos económicos para acceder a una atención adecuada, así como disponer de redes de apoyo que acompañen y sostengan a las personas durante su proceso.

Existe otra situación adversa: para quienes han logrado obtener un diagnóstico, la psiquiatría aún no ha estudiado lo suficiente la relación entre los ciclos hormonales, la producción de neurotransmisores y el TAB, salvo en casos específicos como el embarazo y la menopausia.

Es necesario recordar que la principal causa de muerte no natural entre las personas con TAB es el suicidio. De ahí la urgencia de que la comunidad científica se actualice, pues, literalmente, muchas personas viven con sufrimiento evitable o mueren debido a la falta de estudios e información.

Lo que no se nombra no existe. Por ello, debemos seguir señalando estas omisiones hasta romper los sesgos patriarcales que atraviesan la ciencia y lograr que se estudien nuestras particularidades. Solo así podremos aspirar, sencillamente, a una vida digna.

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