La Semana Mundial de la Lactancia Materna, que se conmemora del 1 al 7 de agosto, nos recuerda que amamantar no es únicamente una decisión individual; es una responsabilidad compartida. El lema de este año: “Lactancia materna para un comienzo sostenible en la vida: fortalecer lo que funciona”, invita a preguntarnos si realmente estamos creando las condiciones para que las mujeres puedan amamantar si así lo desean.
En México, la mayoría de las madres inicia la lactancia, pero solo el 34.2 % mantiene la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, de acuerdo con la ENSANUT 2023. Con frecuencia interpretamos estas cifras como una falta de compromiso de las madres, cuando en realidad reflejan la falta de apoyo que reciben.
Hoy muchas mujeres enfrentan el posparto prácticamente solas. Regresan al trabajo cuando la lactancia apenas comienza a establecerse, encuentran pocos espacios para extraerse leche o alimentar a sus bebés y reciben consejos contradictorios de familiares, amigos e incluso de profesionales de la salud. A esto se suma una cultura que sigue esperando que las y los bebés duerman toda la noche, coman cada tres horas y no demanden demasiado contacto, expectativas que poco tienen que ver con el comportamiento normal de un lactante.
Amamantar no depende únicamente de la voluntad. Requiere políticas públicas que protejan la lactancia, licencias de maternidad acordes con las necesidades del o la bebé, profesionales de la salud capacitados y redes comunitarias que acompañen a las familias.
Existe un proverbio africano que dice que “Para criar a un niño hace falta una tribu”. Lo mismo ocurre con la lactancia. Ninguna mujer debería sentirse sola ni juzgada por pedir ayuda. Si queremos que más niños y niñas reciban leche materna, debemos dejar de preguntarnos por qué las madres dejan de amamantar y empezar a preguntarnos qué está haciendo la sociedad para sostenerlas.

