Muchos padres y madres quieren que sus hijos e hijas sean inteligentes, reflexivos y analíticos. Se alegran de que cuestionen, piensen antes de actuar y quieran hacer las cosas bien. Sin embargo, hay un punto en el que esa capacidad de pensar se transforma en todo lo contrario… una trampa.
Vemos cada vez más jóvenes brillantes, pero inseguros. Piensan muchísimo, pero hacen poco. Analizan muchísimas cosas, pero deciden casi nada. Se preparan constantemente, pero no se atreven a lanzarse. Y detrás de esto hay un fenómeno que los padres y los educadores debemos comprender: la sobrecarga cognitiva y el análisis en exceso pueden provocar la falta de acción.

