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Mirador 25/11/2025

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Llegó cuando pardeaba el señor cura al rancho

–misa, bodas, bautismos, primeras comuniones–.

Pobres, como de pobre, sus recios zapatones,

su raída sotana y su sombrero ancho.

*

Él a todos conoce: Esteban, Lupe, Pancho…

Lo quieren ellos “porque no nos echa sermones”.

Al Cielo los conduce entre dos maldiciones:

a los hombres “cabrones”; a los niños “carancho”.

*

Con su antiguo breviario que lee vacilante,

algún magro condumio; su catre, un viejo manto,

su café y su cigarro, tiene más que bastante.

*

Para la risa es fácil, igual que para el llanto.

En la ciudad los suyos lo llaman ignorante.

Y lo es: tan ignorante que no sabe que es santo.

AFA.

¡Hasta mañana!…

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