
Los jóvenes de hoy –15 a 24 años– están parados en una contradicción desafiante, por un lado son optimistas y anhelan un cambio social, pero enfrentan una profunda y creciente ansiedad y retos de salud mental. Priorizan valores como la sostenibilidad, la colaboración, la diversidad y la justicia social, para transformar el futuro social y laboral. Se perciben como impulsores de cambios sociales y ambientales, para transformar las normas actuales. No obstante, considerándose como agentes de cambio, una fracción importante encara niveles más bajos de felicidad y optimismo en comparación con generaciones anteriores. Muchos de ellos se sienten por ningún lado, dadas las crisis económicas y de salud mental que agobian al mundo de hoy. Su objetivo más importante es definir su identidad, su autonomía y probando nuevas formas de independencia. Y no está fácil porque la precariedad laboral está presente, igual que la necesidad de nuevas estructuras educativas.
Cuando una persona envejece, la sociedad le rechaza, hoy eso está más acentuado que nunca. ¿Por qué? En términos fríos, porque su capacidad de producción económica baja e incluso en determinados casos llega a desaparecer. Pero esto no significa que deje de ser útil a la sociedad de la que es parte, al contrario, los jóvenes dependen en mucho de esa experiencia acumulada que coadyuva a un desarrollo efectivo. El valor de una persona no está en la edad cronológica, sino en sus ganas de vivir, en su espíritu, en el trato que les presta a los demás. La enseñanza de valores a las nuevas generaciones, no tiene precio. La sabiduría es uno de los grandes valores que una persona aporta a los demás. Hay un dicho que ni mandado a hacer para describir llana y sencillamente el potencial de la vejez: “Más sabe el diablo por viejo, que por diablo”. Ergo, no por ser mayor estás para que te lancen al cuarto de los trebejos.
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Hay mitos sobre la vejez, son ideas que se han ido generalizando. Pero no las convierte en verdades. El pensamiento cambia, y tiene lógica, se está viviendo otra edad. La serenidad te permite razonar con más cuidado, con prohibiciones para que hígado no se meta en asuntos que no son de su competencia. La vida y los problemas se ven con ópticas diferentes. El modo en que se enfrentan los problemas es distinto. Cuando se es joven te quieres tragar al mundo a dentelladas, traes el combustible al tope, cuando se es mayor la percepción cambia y la visión se amplia, ves el escenario completo, no solo el problema, no te contraes, sino todo lo contrario. Es una maravilla llegar a la edad de oro, aquella en la que las cosas y los eventos que suceden, pasan por el tamiz de la expertis, y ya no se multidimensionan, vas al grano, al punto exacto. Y como es toro que ya has lidiado, pues hombre, sin aspaviento encuentras la mejor manera de enderezar el problema, agobio, o como quieran ustedes llamarle. Y ¿sabe que es fascinante? Aprender cosas de uno mismo, cosas de las que a veces ni siquiera nos hemos percatado de que son parte de nuestra historia, y también de otras personas. Eso es fascinante. Es uno de los regalos más hermosos de Dios, de la vida.
Lo sustantivo es nunca dejar de aprender, eso te mantiene la mente fresca, disponible el ánimo. Es el sustento de que es un error encasillar a las personas por su edad cronológica. He conocido jóvenes viejos y viejos increíblemente jóvenes. Lo que hace la diferencia es como has vivido tu vida. Lo que viviste, lo que encendió tu pasión, lo que te arrancó sonrisas y o carcajadas, también lo que lloraste por lo que te dolió, las lecciones que recibiste a lo largo del trayecto, eso es VIVIR. Yo soy una enamorada de la vida, le agradezco a Dios cada mañana y cada noche el prestármela. Hagamos balance de lo vivido ¿A cuántas personas impactamos con nuestro que hacer? ¿Dejamos huellas en su vida? Dicen que uno nunca deja de aprender. Jóvenes o viejos, todos somos importantes y valiosos para la sociedad. Lo que vale al final de la vida es la manera en la que se vivió. En cómo nuestras vidas influyeron en otras personas, sobre cuánto bien hicimos y la manera en la que nuestras acciones dejaron una huella positiva. Todo lo demás se lo lleva el céfiro. La colaboración intergeneracional de todos los sectores, incluidas aquellas con educación formal e informal, las habilidades desarrolladas, son invaluables en un mundo en el que la inteligencia artificial y la automatización ya llegaron para quedarse. Ahí está el futuro del trabajo. Las habilidades humanas deben ponderarse, aprender a utilizarse, porque esto potencia la empatía y el pensamiento crítico
La educación de estos tiempos debe priorizar la creatividad, la alfabetización digital, el espíritu emprendedor y la adaptabilidad para ajustarse a las necesidades de un mercado laboral cambiante. Renovarse o morir, no hay de otra, o te adaptas o te mueres. Los aprendizajes, las pasantías, la inclusión juvenil en la formulación de políticas, son trascendentales en la formación de esta generación, y de todas las que vengan después, son esenciales para entender la transición de la escuela al trabajo y enfrentar el creciente desempleo juvenil. Las empresas reclutan jóvenes para el área laboral pero les piden experiencia… ¿Cómo la adquieren? La experiencia no se pesca en un río. Es la práctica lo que hace al maestro.
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Los jóvenes hoy día, consideran que la IA debe servir a las personas a las personas y al planeta, no únicamente al beneficio y a la eficiencia. La tecnología ha de aprovecharse para promover la dignidad humana y para reducir la desigualdad, no para hacer más grandes las divisiones que ya existen. La tecnología debe servir para empoderar a otros no para crear más dependencia. El avance tecnológico debe de ser INCLUSIVO Y CONSCIENTE. Todos tenemos derecho a esto. Los legisladores debieran incluir las voces juveniles en la gobernanza tecnológica, esto coadyuvaría a reconstruir la legitimidad y la capacidad de respuesta.
Concluyo, los mayores aportan experiencia, conocimiento institucional, los jóvenes frescura, dominio tecnológico y sentido de urgencia. El liderazgo que vale oro puro es el que reúne estas dos visiones. Los empresarios japoneses, verbi gratia, cuando viajan por negocios, asisten el fundador –si vive-, el presidente en turno y el sucesor.


