La pausa en la imposición de aranceles contra México por un mes es una buena noticia, pero le impone obligaciones y candados importantes a la presidenta Claudia Sheinbaum. Se evitó la guerra comercial que iba a empezar este martes, pero Trump mantiene el arma cargada sobre su escritorio. El tema de fondo no eran los aranceles, que fueron el vehículo de coerción para sacudirla y obligarla, como objetivo final de su pretensión, a combatir el tráfico ilegal de fentanilo. “Esta no es una guerra comercial”, dijo ayer por la mañana en una entrevista por televisión Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional, uno de los brazos de la Casa Blanca. “Es una guerra contra las drogas”.

