Gente de Arteaga

Dávila, alcalde de Palomas allá en los tiempos de don Benito Juárez, le pidió a uno de sus empleados, un cierto sujeto apodado El Moyote, recaudador de impuestos, que dijera el discurso oficial en la ceremonia del 5 de mayo. En la plaza, frente al recinto de la Presidencia, se había levantado un monumento con las efigies de Hidalgo, Morelos, Zaragoza y Juárez. Tras los honores a la bandera se oyeron las consabidas recitaciones de los niños: “Era la aurora; el sol resplandecía…”, y luego subió a la tribuna, de negro frac vestido, engominada la hirsuta cabellera, aquel cobrón Moyote.

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