
NUEVA YORK- Oscar Hagelsieb pasó casi 25 años como funcionario de migración y agente especial, y se siente orgulloso de su trabajo para hacer cumplir las leyes federales.
Pero, al ver el caos que se desarrollaba en Mineápolis y el tiroteo mortal contra un ciudadano estadounidense el sábado, Hagelsieb dijo que sentía rabia y desesperación por la forma en que el gobierno de Trump estaba desplegando su antigua agencia.
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“No se está abordando el problema lanzando un gorila de 226 kilos en estos centros urbanos”, dijo Hagelsieb, de 52 años, quien dijo haber votado tres veces por el presidente Donald Trump y se jubiló del Departamento de Seguridad Nacional en 2023. “Es completamente injusto para los agentes que están en esa situación”.
“Están provocando el caos, y desafortunadamente está costando vidas”, añadió. “Solo pueden hacer frente a un número limitado de cosas antes de que empiecen a ocurrir cosas malas”.
Los comentarios de Hagelsieb reflejan una creciente sensación de miedo, frustración y desilusión entre algunos funcionarios y exfuncionarios de migración del departamento, que lidera la ofensiva de Trump para detener y deportar a millones de personas. En entrevistas con The New York Times, más de 20 de ellos expresaron su preocupación por el hecho de que el gobierno estuviera enviando agentes federales a Mineápolis y a otras grandes ciudades en situaciones cada vez más peligrosas, tanto para ellos como para los civiles con los que se encontraban. Dijeron que las largas horas de trabajo, las cuotas de detenciones y las críticas públicas estaban afectando considerablemente a su moral.
A muchos también les preocupaba que las consecuencias dañaran irreparablemente la percepción pública de las dos principales agencias de seguridad nacional implicadas en la ofensiva de Trump, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por su sigla en inglés), perjudicando a largo plazo la contratación y la retención de personal. Varios dijeron que les preocupaba que los demócratas aprovecharan la indignación de los votantes para cerrar el ICE, que ha sido el brazo público más visible de la operación de migración, si volvían al poder.


