El sol de la tarde caía sobre los toldos frente al templo de San Judas Tadeo. Entre puestos de carnitas, churros, elotes, pan y figuras religiosas, los fieles esperaban su turno para entrar con flores, veladoras o imágenes del santo de las causas difíciles. Algunos durante la misa permanecieron de rodillas, otros con lágrimas en el rostro, y otros más con la certeza silenciosa de estar cumpliendo una promesa.
