Por un instante, el papel amarillento y frágil deja de ser materia para convertirse en una máquina del tiempo. Nos transporta a un Saltillo de carruajes y vestidos largos, a calles donde la vida cotidiana latía en sepia y blanco y negro.
Por un instante, el papel amarillento y frágil deja de ser materia para convertirse en una máquina del tiempo. Nos transporta a un Saltillo de carruajes y vestidos largos, a calles donde la vida cotidiana latía en sepia y blanco y negro.