En el México de 1939 había una población de 19 millones de almas repartidas en las ciudades y en el campo. El corazón de esa nación se encontraba en la ciudad de México. Mi madre tenía 31 años en ese entonces, yo todavía no nacía, pero siempre fui muy preguntona. Solía decirme que en México había muchas inequidades que se retrataban en el modus vivendi de los mexicanos de entonces. Primero trabajé, me decía, vendiendo frutas en el mercado, luego fue vendedora en la Papelería Muñuzuri, después vendió ropa a los trabajadores que construían la carretera México–Acapulco, hasta que decidió que era mejor trabajar por su cuenta.
Juntó sus ahorros y se trasladó a un pueblito llamado Xaltianguis, perteneciente al municipio de Acapulco. Ahí empezó a hacerse de algo propio, rentó una casa y puso una tienda, en la que se vendía de todo, el típico establecimiento de un pueblo chiquito. Trabajaba de sol a sol, y por las noches cosía vestidos de novia por encargo en su máquina Singer. Me contaba que amanecía con la nariz y el rededor de los ojos llenos de hollín provenientes del candil de petróleo que ardía toda la noche. ¿Y no te cansabas, mamá? Claro que sí, me respondía, pero no había de otra, yo odiaba ser pobre, detestaba la miseria en la que había transcurrido mi infancia, mi adolescencia y determiné que no quería vivir así toda mi vida. Y vaya que lo logró, era una guerrera indomable.
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El presidente de México, a inicio de la Segunda Guerra Mundial, era Lázaro Cárdenas, él declaró la no participación en ese conflicto armado. Condenó la agresión contra la soberanía de las naciones. El ejemplo más vívido de esta postura fue el reconocimiento del gobierno republicano español. El 17 de junio de 1939 retiró la embajada de México en territorio español, de los asuntos en turno le pidió apoyo a la embajada de Cuba.
1939 fue un año bien importante en la historia del mundo. Inicia con la invasión de Hitler a Polonia. La Gran Depresión había finalizado y Franklin D. Roosevelt había llegado a la presidencia con muchas simpatías y apoyo del pueblo norteamericano. En México también hubo cambio en el Ejecutivo. Manuel Ávila Camacho fue electo presidente y le tocó declarar la guerra a los países del Eje en 1942 como consecuencia de los ataques a barcos mexicanos y se convirtió en aliado, incluso se envió al Escuadrón 201, quien declaró la guerra a las Potencias del Eje en 1942 tras ataques a buques mexicanos y durante su mandato México se unió a los Aliados, enviando incluso el Escuadrón 201 a luchar en el Pacífico, consolidando así una relación con los gringos que sirvió para promover la industrialización y el Programa Bracero.
Era imperativo construir una nación, sentar los lineamientos para definirla, así mismo había que hacer reformas a la Constitución a favor del campesino y el obrero. Cárdenas era un estadista. México necesitaba en ese momento alguien con su perfil. Su negativa tajante a dar apoyo a los fascistas le valió, aunque tardíamente, a ser invitado a la Sociedad de las Naciones, en la que se discutiría la nueva configuración del orden mundial de la posguerra.
La derecha nacionalista, liderada por un académico estudioso, don Manuel Gómez Morín, funda en septiembre de 1939 el Partido Acción Nacional (PAN). Este partido no nació de la noche a la mañana, se fue construyendo poco a poco con toda la prudencia, la lucidez, la fuerza de los principios y valores que anidan en la democracia y su objetivo sustantivo era y sigue siendo formar ciudadanos y después, y sólo después, acceder al poder. El respeto irrestricto a la dignidad humana, la solidaridad, la subsidiariedad y el bien común, esos son los valores que alientan la política. No hay arrebatos en esta conceptualización. La política es el mejor instrumento para el bien hacer, para eso fue diseñada, como un medio, como una manera civilizada, inteligente, con el diálogo respetuoso, comedido, porque de eso se trata, de establecer acuerdos que redunden a favor del único soberano, que es el pueblo.
En 1940, el México bronco había dado pasos para consolidarse como nación, ya no estaban los conflictos de los años veinte, lo que se anhelaba era un país sustentado en la paz, en el desarrollo económico, social y político. Ya estaban hasta el copete del país envuelto en una guerra entre hermanos. Los grandes propietarios de tierra desaparecieron, pero los industriales, los banqueros y los comerciantes a gran escala ahí estaban, prestos a cambiar los derroteros del país.
El PAN concebido por don Manuel Gómez Morín y don Efraín González Luna alienta en una filosofía que abreva en la fuente de los principios y los valores que hacen de la política el medio para alcanzar el bien común, es decir el de todos, sin distinción de status económico, etnia, credo religioso. Hay un sentido del equilibrio de fuerzas, de ahí la relevancia del respeto a la dignidad de la persona humana, toda vez que esto implica serenidad, disposición y franqueza. NO hay mejores elementos para la armonía. NO hacen falta estridencias, ni insultos, como hoy se estila, para llegar a acuerdos que redunden en beneficio de la comunidad.
Hoy día Acción Nacional no está pasando por sus mejores momentos, y esto implica en primer lugar aceptar que así está sucediendo. Las poses y actitudes arrogantes no abonan en nada a la recuperación del legado que recibimos cuando decidimos hacernos miembros de este instituto político. Se nos ha ido olvidando que en Acción Nacional no se necesitan “estrellitas” marineras, lo que demanda un partido de la raigambre histórica del nuestro es altura de miras con la humildad por delante. Hemos decepcionado a muchos compatriotas que otrora veían en nosotros la esperanza. Y eso es fatal para un partido político que, a diferencia de otros, no fue diseñado con miras al corporativismo.
Tenemos que caminar e ir limpiando el tiradero que hicimos o que dejamos que hicieran, tenemos que pedir disculpas con mucha humildad a quienes nos debemos, a los mexicanos, por haberles fallado, y pedirles que nos den otra oportunidad. Y si nos la dan, ay de nosotros si no cumplimos. Como herederos de la filosofía de nuestro fundador, honremos en los hechos los compromisos que se hagan en esta contienda del 2026… o ya no habrá 2027. El PAN nació en 1939 y no se vale contribuir a su extinción. Tenemos que volver a la camaradería castrense, a vernos como lo que somos, compañeros de lucha democrática. Y algo más, cobrar conciencia que las decisiones no se toman desde arriba, porque el terreno lo conoce quien lo camina todos los días.
