Educar y formar personas es tarea sustantiva de los padres, de la escuela y del estado. Estos tres entes tienen una responsabilidad sine qua non con las generaciones de niños y jóvenes. De una educación bien cimentada surgen las comunidades exitosas, ergo, la preparación académica debe ser prioritaria y por supuesto formar en los educandos principios y valores, que hoy infortunadamente están en decadencia. Se exhiben estas sombras en la avalancha de las redes sociales, la ausencia de lo que te da fuerza y determinación se han tergiversado. Hoy día se aplaude la vulgaridad, lo soez. Sí, se festina, por eso a cual más se convierte en un remedo de lo ordinario. Y eso me parte el alma ¿qué país tendrán las nuevas generaciones? El “bullying” en las escuelas va a la alza. Y es una evidencia clarísima de que algo no está funcionando bien en casa, y en la escuela también. La familia y la escuela son piedras angulares en la formación de las personas. Hoy día se están desmoronando estas columnas que sostienen a la sociedad. En mis ayeres fui una niña muy traviesa y aguerrida, me llevé mis buenos reglazos o de cara a la pared. Y no solamente ahí me ponían el estate quieta, el segundo acto era en mi casa con un lazo de cuero humedecido sentían mis posaderas y mis pantorrillas el rigor del castigo. Ni me traumaron, ni me crearon ningún complejo ad perpetuam. Es más, lo agradezco.
