Traigo una gran inquietud que me desvela: temo que haya desaparecido el Cielo. Cuando éramos niños se nos prometía esa morada celestial si no desobedecíamos a nuestros padres como desobedeció a los suyos “La Mujer Araña”, ni decíamos mentiras, ni faltábamos a misa aunque dieran en la función de matiné del Cinema Palacio un episodio más de “La Invasión de Mongo” o de “Las Calaveras del Terror”. En cambio, no ganaríamos el eterno premio si hacíamos cosas malas. Yo me afanaba en descubrir cuáles eran esas “cosas malas”. Era demasiado temprano aún para saberlo.

