
En el prólogo del libro “Contra la tentación populista”, Slavoj Žižek plantea una pregunta fundamental: ¿qué es hoy la filosofía? A partir de ahí, sostiene que muchos de los problemas que tradicionalmente pertenecían a este campo ahora son abordados cada vez más por las ciencias. Así, cuestiones ontológicas sobre la naturaleza del universo –como sus límites en el tiempo y el espacio o la tensión entre determinismo y contingencia– son hoy objeto de la cosmología cuántica. De igual manera, interrogantes antropológicos como la libertad y la voluntad se investigan desde el estudio del desarrollo evolutivo del cerebro. Incluso las experiencias místicas y espirituales comienzan a explicarse en términos de procesos neuronales, lo que sitúa a las neurociencias en un ámbito antes vinculado con la teología. Frente a este panorama, la reflexión filosófica no desaparece, sino que encuentra un nuevo lugar: el análisis crítico de las condiciones epistemológicas que hacen posible el conocimiento científico.
En este libro, el filósofo esloveno cuestiona la tentación populista que invade nuestro planeta en pleno siglo 21. Empieza señalando que “uno está acostumbrado a escuchar a los que se quejan de la creciente apatía de los votantes o de la cada vez más baja participación popular en política… hablan constantemente de la necesidad de que las personas se movilicen en iniciativas surgidas de la sociedad civil, de que se involucren más en el proceso político. Sin embargo, cuando la gente se despierta de su modorra apolítica, lo hace invariablemente bajo la forma de una revuelta populista de derecha, y acaba no siendo raro que muchos tecnócratas liberales ilustrados se pregunten si aquella ‘apatía’ no era, en el fondo, una bendición”.


