En Colombia se siente Latinoamérica. Y no es porque su presidente, Gustavo Petro, haya encarado a Donald Trump, porque, a decir verdad, muchos colombianos no piensan que son representados por él. Digamos que, en medio de tantos imaginarios que los envuelven y provocan escenografías sin parar, existe realmente una esencia multicultural en ellos. La de la semana pasada fue mi tercera visita a Cartagena de Indias. Recordaba las calles amuralladas de su centro histórico, con un pasado que inició en 1533 como puerto estratégico para la venta de esclavos, y siguió siéndolo por mucho tiempo, aun después de la llegada de la independencia de España.
