La defensa cerrada que el gobierno de Sheinbaum ha desplegado en favor de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, tras la difusión de más (in)explicables audios en donde ofrece información de las mesas de seguridad de su estado, colaborar con el FBI y trasladarse a Panamá para salvar el pellejo, parece sustentarse en una hipótesis tan audaz como condescendiente; que el pueblo bueno y sabio carece de memoria, criterio o capacidad para escuchar por sí mismo.
La estrategia oficial en medio de la implosión narco-morena no ha consistido en despejar dudas sino en la desgastada narrativa de pedir un acto de fe político, como si la palabra del poder tuviera la virtud de borrar el contenido de las grabaciones.

