NUEVA YORK- Para cuando Jeffrey Epstein se declaró culpable en 2008 de solicitar servicios sexuales a una menor, ya había establecido una enorme red de amigos adinerados e influyentes. Correos electrónicos hechos públicos esta semana muestran que el delito no rebajó el deseo de ese entramado de seguir conectado con el multimillonario financiero.
