
NUEVA YORK- Apenas van dos semanas del nuevo año, y el presidente Donald Trump ya reclamó el control de Venezuela, intensificó las amenazas para apoderarse de Groenlandia y ha inundado las calles de Estados Unidos con agentes de inmigración enmascarados.
Y eso sin contar una investigación criminal sin precedentes en la Reserva Federal, un pilar de la economía nacional que Trump quiere someter a su voluntad.
TE PUEDE INTERESAR: Yankee, vete a casa, otra vez
Incluso para un presidente que prospera en el caos, Trump está generando un nivel asombroso de agitación mientras los votantes se preparan para emitir su veredicto sobre su liderazgo en las elecciones intermedias en noviembre que determinarán el control del Congreso.
Cada decisión conlleva riesgos tremendos, desde la posibilidad de un atolladero en el extranjero hasta socavar el sistema financiero del país, pero Trump ha avanzado con una ferocidad que ha sacudido incluso a algunos de sus aliados republicanos.
“La presidencia se ha descontrolado”, afirmó la historiadora Joanne B. Freeman, profesora de la Universidad de Yale. Es algo “que no hemos visto de esta manera antes”, agregó.
Trump no parece desanimado por las posibles repercusiones. Aunque no siempre cumple sus amenazas, parece decidido a redoblar y triplicar sus apuestas siempre que sea posible.
“Ahora mismo me siento bastante bien”, dijo Trump el martes en Detroit. Su discurso fue ostensiblemente organizado para volver a centrar la atención en la economía, que el presidente afirmó está en auge a pesar de las persistentes preocupaciones sobre los precios más altos.


