
En un parpadeo, la madre de James Bulger solo lo había dejado un pequeño instante al comprar algunos productos en una carnicería. Poco después, el pequeño se había ido. La búsqueda del menor terminó en un hallazgo espeluznante. Cubierto de heridas, cortado por la mitad por un tren, el pequeño cuerpo yacía en un campo de vías donde los perpetradores lo habían conducido antes de matarlo con puñetazos, patadas, lanzamientos de ladrillos y una barra de metal... sus asesinos, dos niños de 10 años de edad.
No pasó mucho tiempo antes de que los investigadores apuntaran a dos sospechosos: Robert Thompson y Jon Venables. Las fotos de los sospechosos, conocidas en Inglaterra como “fotos policiales”, se habrían visto casi como fotos de un anuario escolar si los dos niños de diez años no hubieran estado sosteniendo tabletas con sus fechas en sus manos.


